Un mundo por descubrir en el País Vasco

Solo bastó un día para saber que había vuelto a elegir el destino correcto. Como en ese mayo de 2023 con mi familia, algo dentro mío se despertaba. “Serán los ancestros que vivían por acá”, pensé.

La primera vez que visite el País Vasco tuve la sensación de que regresaría. Estaba segura de que quedaba mucho por descubrir. En aquel momento con mis padres y hermano pudimos impregnarnos en esa cultura del pincho, de la tarta, del euskera, de la lucha de un pueblo y hasta de la terquedad, que con razón los caracteriza. Como así también de su naturaleza que es el equilibrio perfecto entre playas, montañas y bosques.

Catorce meses después mi corazonada de volver se hacía realidad. Esta vez me esperaban amigas en el pueblo de Villabona para vivir como una local en Euskal Herria, El Pueblo de los Vascos en su propio idioma, el Euskera. Esta nación se compone por siete territorios que actualmente están ubicados en tres unidades administrativas: la Comunidad Autónoma Vasca integrada por Bizkaia, Gipuzkoa y Araba, y la Comunidad Foral de Navarra, distinguidas como Hegoalde y que se encuentran en el Estado español; y la tercera conocida como Iparralde, en el Departamento de los Pirineos Atlánticos del Estado francés.

Entre saludar con muchos “kaixo” (hola) y “agur” (adiós), fui aprendiendo más palabras de su lengua que en nada se parece a alguna otra. Pero que su pueblo ha sabido cuidarla, protegerla y hoy revalorizarla, a pesar de que Francisco Franco la prohibiera tanto en escuelas como en la calle y en las propias casas. Han pasado 49 años desde que terminó la dictadura, pero las consecuencias todavía están presentes, donde por ejemplo actualmente siguen siendo 169 los presos políticos. Algunos de ellos eran miembros de la ETA pero otros fueron vinculados con el grupo por diferentes casos, como protegerlos en casas y pertenecer a grupos políticos vascos que estaban prohibidos. A pesar de que Amnistía Internacional sostuviese que toda persona tenía el derecho a cumplir su condena cerca de su lugar de arraigo, los presos estaban en las cárceles más lejanas al País Vasco. Recién en 2018 comenzaron los traslados a sus tierras. Sin embargo, la lucha por su libertad continúa presente en cada bandera que se cuelgan en los balcones de las casas.

Ir al Museo de la Paz en la ciudad de Gernika me dejó impresionada por su historia poco conocida. Seguramente muchos conocemos la pintura de Pablo Picasso que lleva el mismo nombre, pero no se habla del motivo del pintor para hacer la obra.

El 31 de marzo de 1937 el ejército de Franco bombardeó Durango, una localidad cercana, así ya comenzaba a instaurarse el miedo entre los locales. Y el 26 de abril llegó el día en el que aviaciones alemanas e italianas, con la autorización del dictador, lanzaron 31 toneladas de bombas sobre Gernika. Utilizaron este hecho para hacer una práctica de los armamentos que poseían y dieron aquí comienzo a la Segunda Guerra Mundial. El régimen franquista eliminó los registros elaborados por las autoridades vascas, borrando incluso las memorias de las víctimas. Razón por la que continúan hoy investigaciones en torno al cómputo e identificación de los difuntos. Aunque habrían registrado 1.654 muertos y quedando el 82 por ciento de la ciudad destruida.

Los años de represión que se vivieron en el País Vasco tanto en la cultura, como en lo material, económico y espiritual, sumado a casos judiciales como el de Alsasua y presos políticos, han hecho que el pueblo se vuelva más unido. Por esto es que la bandera de lucha independentista la seguirán levantando con orgullo. Sus colores rojos, verdes como el roble de Gernika y la cruz blanca flamean en cada rincón de sus tierras.

Así mismo, los vascos y vascas hoy se encuentran también en otra disputa, la de intentar que sus tierras no sigan siendo modificadas y arrasadas por negocios que sólo benefician a extranjeros, porque ellos son muy conscientes de la belleza y riqueza que poseen. Una costa con playas hermosas, tanto de arena como de piedras, puertos donde las regatas siguen practicándose, al igual que la pelota vasca en cada pueblo. Acantilados que dejan sin aliento, bosques y montañas de verdes fluorescentes resguardadas por Basajaun, su Dios protector en la mitología Vasca, pero esta es ya otra historia a descubrir.

Por otro lado, bandas como Neomak, Glaukoma y cantantes como Zetak realizan música en Esukera generando más valor a su lengua y cultura, mientras que los habitantes continuarán haciendo lo posible para que las fiestas de todos los pueblos que se realizan cada año, sigan en pie. También poder transmitirle a los jóvenes esas ganas de trabajar en cooperativa para mantener en lo alto y con orgullo sus tradiciones. Y así, que entre sus comidas típicas, pañuelos que los identifican, cervezas, desfiles, disfraces, chupinazos, bombos y redoblantes cada cuadrilla (grupo de amigos) sigan unidos.

“No es Francia, No es España, es Euskal Herría”, seguirán sosteniendo. Y como escribieron en la estatua del Museo de la Paz: “Porque amamos la libertad lo daremos todo por ella”.

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