«Si ellos viajan sólos son aventureros. Pero si sos mujer, sos una loca».

En esta segunda parte de la entrevista con la multifacética y aventurera de Erika Aghemo, desde Australia, nos adentramos en situaciones que suceden cuando uno se va a vivir al exterior pero lo que también pasa cuando se vuelve a casa. Y de lo que no muchos se animan a decir.

Si todavía no leiste la primera parte, hace click aquí.

Perdiéndose entre atardeceres y rutas de la Costa Australiana, su hogar.

LO QUE INCOMODA

Luego de un año en el país de los Vikingos, Erika volvió a Argentina por dos meses y se volvió a marchar a Italia, donde hizo su ciudadanía para luego emigrar hacia Australia. Sin dudas en todos estos años que lleva por el mundo aprendió muchísimo, sumó experiencias y entendió que irte de vacaciones y viajar son cosas distintas. En ambas opciones uno puede estar sólo, pero lo que nadie dice es que en una de ellas hay momentos donde uno es tocado por la soledad y los miedos. “Hay angustias, temor a que se muera gente cuando estas lejos, el desapego, el amor en todos sus tipos cuando no estas en tu lugar, cuando no están tus raíces”, explicó. Y agregó: “Además, te encontrás con gente que piensa que estás loca, gente que te pregunta ¿sola?, o si estás con una amiga, ¿solas? Entonces decís: No, ¡juntas! Ah ¿pero solas?”, contó la actual Chef, quien lleva una apasionada lucha para demostrar que una mujer sí puede ser independiente.

Mientras Erika continuó con la preparación de la tarta en la cocina de su casa siguió charlando al respecto y poniéndose colorada por la rabia que éstos temas le dan. Así que subió el tono de voz y confesó: “Cuando vivía en Italia me decían: ‘encontrá un marido y dejate de romper las bolas’, no entendían la edad que tenía, porque me fui a los 28 años, para ellos ya era vieja, ‘¿y estás buscando trabajo, marido?’ Yo contestaba que no, que ni pensaba en eso. Entonces les incomodaba mucho, porque si no tenes un plan y solo estas viajando, te ven como vaga, ¿qué te pasa?”. Entre risas pero un poco más enojada al recordar estos momentos agregó: “En Italia, la gente me quería buscar casa, trabajo, marido. En Dinamarca no te lo decían porque son mas educados, no son invasivos, e igual creían que lo hacía para tener una vida mejor, o que me había ido de la Argentina porque es un país más pobre. Pero no fue mi caso, entonces la idea de que viajo porque viajo, porque quiero, por mi curiosidad es una respuesta que a la gente le incomoda mucho. Creo que también es porque les hace replantear su propia vida”.

¿Cómo será bucear con un casco de astronauta?, Prengúntenle a Erika.

Además hizo hincapié: “Te crees que a cualquiera de mis amigos varones que viajan les van a decir: buscate una mujer y que te mantenga, o ¿estas viajando sólo? Ellos son aventureros, son copados. Si sos un hombre sos un experimentado, si sos mujer, sos una loca”.

Pero las miradas críticas no sólo están puestas sobre los asuntos de género, también van más allá. ¿Por qué uno se va de su propio país con un título bajo el brazo a hacer trabajos que no necesitan ni siquiera de un terciario. Y por qué se retrasan temas como el matrimonio, la casa propia y una carrera de ascenso en la oficina. “Muchos son los que te dicen: tenes un buen trabajo en Argentina y ¿te vas a limpiar al exterior? Pero uno limpia el baño del extranjero con un propósito, sabes que no te vas a quedar ahí para siempre, pero necesitas plata para seguir el viaje. Como así tampoco te vas a comprometer con algo muy de lo tuyo si tampoco sabes si te querés quedar en ese país, entonces aparecen cosas interesantes”, consideró Erika, a quién haber viajado le generó autoestima, seguridad, y le dejó de importar lo que piensen en general de su vida.

En la icónica postal del Tower Bridge, Londres. En su primer experiencia que le cambiaría la vida.

LA OTRA CARA

Siempre existe el lado b, ese que nadie muestra en redes sociales cuando anda por el mundo. Por ejemplo, el extrañar, la distancia, sobre todo, luego de una pandemia mundial. “Después de tres años de no volver a Argentina, un día me agarró una angustia enorme. La sensación de no pertenecer a ningún lado. Y pensaba que lo hermoso de la libertad que ganamos es al mismo tiempo aprender a desapegarse y la culpa de que te fuiste, de los que se quedaron, el miedo de que pase algo, a veces pareciera que esa vida que tuviste, es como si fuera un sueño. Ya no es mio, no hay nada, tu casa es tu valija, lo que tengas puesto. Entender eso es muy heavy, entender qué pasó con esas personas, con las conexiones, que ya no estas más ahí y por momentos te ves haciendo esfuerzos sobrehumanos para seguir siendo parte de grupos a los que ya no perteneces y que ellos no te pertenecen”.

Además, cada vez que uno vuelve después de mucho tiempo hay temas que salen a la luz. Y a todas las críticas ya mencionadas se suman otras. Es que todos, quieren opinar claro, pero no entienden que muchas veces duele y que está mal. A Erika, las cosas no le habían sido nada fáciles y aceptarse tal y como era, tanto por dentro como por fuera le había significado un proceso muy grande. Pero volver a Argentina le complicó las cosas.

“Siempre tuve problemas con el peso y luego de mucho tiempo estaba en un peso ‘saludable’, pero llegue a Córdoba con 20 kilos de más y fue una oleada de comentarios, vi la miseria humana en la que estamos sumergidos como sociedad, hacía mucho que nadie venía a decirme: ‘che estas gorda’. En Dinamarca ¿quién me iba a venir a decir eso? Nadie opina de otro cuerpo. Y volver a Argentina así, fue pelearme con casi todos, desde mi mamá hasta mis amigos, que me decían: ‘uh no te reconocí de lo gorda que estás, nena que comiste’. ¿Y yo? Volví a mi casa y dije: Yo aprendí a quererme durante el viaje, como estaba, como soy, con mi cuerpo nuevo, y me costó muchísimo aceptarme. Y volver a que me digan todo esto fue durísimo”, contó con mucha pena en su rostro. Y agregó: “Preguntenmen otra cosa, hice cosas súper interesantes y lo único que les importaba eran mis kilos demás. Y dije: acá yo no quiero vivir, en una sociedad donde me pasan factura. Me cagó la vida el discurso de vos tenes que quererte como sos. El punto es que el otro tiene que cerrar la boca, porque no son nadie para decirme cómo me veo. Para eso, me miro al espejo todos los días. Y el discurso de que si vos te amaras, te resbalaría lo que dice la gente me parece muy toxico. Yo no me tengo que querer más, el otro tiene que cerrar la boca, no es su cuerpo. Y en Argentina lamentablemente todo el mundo cree que tiene derecho a opinar de cómo te ves. Y opinar de que si está bien o está mal y lo escuchamos desde niños, que te dicen si sos gorda o flaca o si tenes que ir al médico porque tenes panza teniendo cuatro años”, reveló Erika quién también opina que ésto le pareció más fuerte que la grieta política. Y agregó: “En las otras sociedades no estaban opinado de mi cuerpo, aunque claro que tienen otros problemas, pero me había olvidado de esto que me pasaba en Argentina y dije no es saludable para mi vivir en un lugar así”.

En Jökulsárlón, Islandia, con frío pero uno de los glaciares más espectaculares del mundo.

LA MAGIA

Los sueños nunca se acaban, se van cumpliendo y siempre aparecen nuevos. Después de una gran vuelta al mundo Erika siguió su vida en Australia, un país que aún no la soltó. Y más allá de seguir recorriendo nuevos caminos confesó: “No me quiero morir sin haber cantado en un escenario. La música es mi amor, y el amor da miedo. Pero sé que lo voy a lograr”.

Para ir finalizando la charla al mismo tiempo que la tarta salía del horno con muy buena pinta y olorcito, hubo espacio para los consejos. “Si hablamos de comida no dudaría en volver al sur de Italia, me iría solamente a comer por un mes, a esos lugares. Recomiendo siempre ir a lugares chiquitos, a los que no va nadie, conseguir una señora que te cocine”, afirmó Erika ya hoy con un paladar muy afinado. Por otro lado explicó que “Berlín le fascinó, tiene mucha historia. Pero todo Europa es hermoso, hay anécdotas e historias en todas las esquinas. Además, de gente haciendo arte todo el tiempo”.

En algún rincón del mundo, siendo una viajera auténtica, llenando la mochila de experiencias.

En el momento que uno viaja se da cuenta de lo que tiene en casa, de esas cosas lindas que se empiezan a extrañar. “Cuando conoces gente y comenzás a contar cómo es tu cultura, país, raíces, costumbres, decís uffff y los convences de ir a Latinoamérica. La gente, cuando te pregunta de tu tierra, te das cuenta de cosas simples como el mate, cosas que no entienden. La primera vez que compartí uno, yo re normal, le di el mate, y me pregunta: ‘¿Todos toman de acá?’, y le dije que sí. Ella me contestó que le parecía un asco, y claro, ahí entendí”, explicó. Y así es como uno se va dando cuenta que hay cosas muy normales en el país de origen, que no lo es en otro lugar.

Así fue como en esta charla sacamos a la luz muchos temas que a veces no se tienen en cuenta. Desde los miedos, las incertidumbres, los sueños, los aprendizajes, la felicidad, los placeres, el viajar nos lleva a muchos rincones de nuestros corazones y nos prende lucecitas que ojalá nunca se apaguen. Pero para concluir Erika confesó: “Una vez leí una cosa que me hizo ruido. Decía que cuando uno es turista, viaja con su cultura acuestas y la defiende y vuelve inalterado y ve todo desde la vereda de en frente. Pero el viajero se cuestiona, cuestiona su cultura y cuando vuelve a su casa, vuelve cambiado porque se entregó a lo diferente”.

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