Una visita a donde nació la Democracia

La ciudad despierta los recuerdos de las profesoras de historia hablando de años antes y después de Cristo, cuando las sociedades iban tomando forma. Me trae el recuerdo vivo de las fotografías de las enciclopedias y manuales, que mostraban templos con largas columnas. De las clases de arte de la facultad donde me hablaban de estilos romanos, griegos, góticos. De la cátedra de filosofía, estudiando los pensamientos de Platón, Sócrates, Epicurus. De esas famosas charlas de “El Banquete”. Y obviamente de todas las historias de los dioses, porque al fin y al cabo, quién no conoce a Zeus, Atenea y Poseidón. Caminaba entre las calles de Atenas y era imposible no imaginarme a Aristóteles haciéndose preguntas existenciales. “Ojala me contagie de aquellas épocas gloriosas de la historia y me ilumine”, pensé un poco en serio, otro poco en broma.

El Partenón, construido por Pericles y dedicado a la diosa griega Atenea.

El destino me transportó a la tierra donde comenzó tanta historia y qué bella sorpresa me lleve. Llegaba en avión y mi asiento que daba al pasillo no me permitía ver nada desde las alturas. Luego, desde el aeropuerto, tome un tren que iba bajo tierra hasta el centro de la ciudad, por lo que Atenas se hacía esperar para ser descubierta. Era imposible espiarla. Pero finalmente llegué a la estación Monasteraki, salí del subsuelo luego de dos escaleras mecánicas infinitas, buscaba los carteles que dijeran salida. Todo estaba en griego, no entendía nada, hasta que vi un letrero en verde que escribía exit. Y por fin estuve afuera. Se me abrieron los ojos, la frente se me agrandó, la cabeza se hizo para atrás, me quede paralizada en el medio de la vereda. Estaba viendo a mi derecha, arriba de un monte, bien en lo alto, pero al mismo tiempo muy cerca, la Acrópolis. Su magnitud, su historia, su importancia, me penetró. Se me puso piel de gallina, no tenía expectativas y me emocione.

Estatua de Sócrates en la puerta de La Academia.

Es que es sin dudas, el Corazón de Atenas, y está situada en el centro de la ciudad, lo que lo hace súper fácil de llegar y de hecho hay muchos hoteles que tienen vista hacia ella. Almorzar o cenar mirándola es algo también posible y que se debería hacer. Además de noche, toda iluminada no tiene desperdicio. Esta antigua colina alberga algunos de los monumentos más icónicos de Grecia, como el Partenón, el Erecteión y el Templo de Atenea Niké. Mientras paseas por sus antiguos caminos de mármol, es inevitable no transportarse a la época de la antigua Grecia y disfrutar de unas vistas panorámicas impresionantes de la ciudad. En todos los monumentos que hay en la Acrópolis me quedé muchísimos minutos intentando entender, desde la razones por las cuales habían creado semejantes monumentos, cómo los habían construido y hasta lo que significaba.

Cuando decidí bajar de la colina de ésta magnifica ciudad, me encontré con el encantador barrio de Plaka. Es conocido como «el vecindario de los dioses» debido a su proximidad a la Acrópolis. Sus estrechas calles son empedradas y hay miles de tiendas de recuerdos, restaurantes tradicionales y típicos cafés, donde vale la pena tomarse un café griego. Caminar por Plaka es remontarse al pasado y continuar viviendo una auténtica experiencia griega por su arquitectura neoclásica y ambiente vibrante. Pero también es sentirse como en las Islas Griegas, porque las casas y muchas de sus calles están pintadas de blanco y tienen detalles azules, lo que te hace respirar verano y playa.

Otros de los barrios valiosos e históricos es Monastiraki, con mucha cultura local. Es muy conocido por su famoso mercado de pulgas, donde se encuentran antigüedades, ropa vintage, obras de arte. Además, es el lugar ideal para probar comida callejera griega, como el souvlaki, porque claro, otro rubro para destacar de los griegos, es la cocina. Los gyros, la ensalada griega, Mousakka, el queso feta, el falafel son cosas que sí o sí hay que probar y que de verdad son increíbles.

En el barrio de Plaka, el camino hacia la gran antigua ciudad.

Por otro lado, Psiri, es el barrio donde se respira bohemia. Aquí está lleno de grafitis coloridos, bares artísticos y clubes nocturnos. Durante el día, se pueden visitar tiendas de diseño independiente y galerías de arte contemporáneo. Pero por la noche se viste de fiesta con música en vivo y bailes tradicionales.

Mi visita por la ciudad de Sócrates fue mucho más que estos barrios. Fue recordar que aquí se jugaron los primeros juegos olímpicos, es el lugar desde donde se enciende y sale la llama olímpica cada cuatro años, fue pasar por sus universidades y ver monumentos a sus grandes personajes de la historia, y hasta visitar el templo de Zeus, del cual ya queda poco. Fue escuchar a la gente hablando en Griego y por momentos pensar que era español o italiano, pero no, también suena cantado.

El Erecteión es el famoso templo conocido por la lucha entre Atenea y Poseidón por el patrocinio de Atenas.

Estar en Atenas significó hacerme miles de preguntas. Cómo fue posible que tantos años atrás se pudieran hacer construcciones magníficas, con muchos menos recursos, sin máquinas. Hasta dónde llegaba la fuerza del hombre. Grecia nos regaló a tantos pensadores, que sin embargo, parece que no hemos aprendido nada. Esta ciudad fue tan importante que nos dejó un legado infinito desde arte, filosofía, historia, arquitectura. Estar en las calles donde se levantó la bandera de la Democracia por primera vez me llegó al alma. Pero si ellos vieran cómo funcionan muchas de las democracias actuales, querrían volver a la tumba. En fin, habrá que seguir estudiando un poco de todo de lo que Grecia nos dejó.

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4 Comments on “Una visita a donde nació la Democracia

  1. Si las imágenes en sí ya sobrecogen, ni imaginar quiero lo que se debe de sentir presencialmente. Magnífico artículo, gracias por compartir. Saludos desde TesorosDelOlimpo.com

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